martes, 6 de octubre de 2009

Naturaleza: La cura contra el mal comportamiento


Carlos Dan/ojocientifico.com

Los seres humanos somos originarios de la Naturaleza, pues las tribus de cazadores-recolectores de las que provenimos no vivían en otro medioambiente sino el natural. Esa larga tradición que, al menos en la civilización occidental y en todas las civilizaciones urbanas, se perdió hace tiempo, podría continuar albergada en un profundo rincón de nuestras mentes.

Un grupo de psicólogos de la Universidad de Rochester lo han sacado a luz, realizando un experimento enfocado a conocer las influencias del medio sobre las personalidades y el comportamiento de los seres humanos, concluyendo que la naturaleza nos condiciona más positivamente que la ciudad.

En el experimento 370 personas fueron invitados a apreciar imágenes de entornos naturales y de entornos producto del hombre. Al observar las imágenes los participantes debían describir las sensaciones que sentían, prestándole atención a los colores e imaginando sonidos y aromas. Posteriormente debían rellenar un cuestionario respecto a la importancia de varios valores.
Aquí saltó a luz que los individuos que vieron imágenes de la naturaleza tuvieron mejores puntajes en valores relativos a las relaciones humanas, mientras que lo contrario ocurría con los que habían visto imágenes urbanas. Estos valoraron más la riqueza y la fama, en contraposición al bienestar y al comportamiento solidario.

Publicados en la revista Personality and Social Psychology Bulletin, los resultados apuntan a resaltar la importancia que nuestro entorno natural inicial ejerce sobre nosotros, que aparentemente tiene tamaño considerable.

El dilema del prisionero

Ariel Palazzesi/neoteo.com
A pesar de lo que pueda indicar su nombre, la denominada Teoría de Juegos es una cosa seria. Se trata de una rama de las matemáticas encargada de lidiar con la forma en que se puede ganar en aquellos juegos que tiene reglas bien definidas. Desde el punto de vista de esta teoría, un juego consiste en un conjunto de jugadores, un conjunto de movimientos (o estrategias) disponible para esos jugadores y una serie de recompensas para cada combinación de estrategias. Muchas situaciones del mundo real pueden modelarse como si se tratase de un juego y ser resueltas -o al menos analizadas- mediante el uso de la Teoría de Juegos. Eso es especialmente interesante en campos como la biología o la economía, ya que la correcta aplicación de esta herramienta permite obtener resultados óptimos incluso cuando los costes y beneficios de cada opción no están fijados de antemano sino que dependen de las elecciones de los otros individuos.

Si ambos son egoístas, puede que ambos confiesen y pasen 6 años entre rejas.

Un ejemplo muy conocido de la aplicación de la teoría de juegos a la vida real es el dilema del prisionero. Este “juego” fue popularizado por el matemático Albert W. Tucker. A pesar de lo sencillo de su planteo, este dilema tiene implicaciones que resultan útiles para comprender la naturaleza de la cooperación humana. La enunciación clásica del dilema del prisionero es la siguiente:


La policía acaba de arrestar a dos sospechosos de un crimen. No se han encontrado pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, un oficial de policía los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a diez años de prisión mientras que el delator será liberado. Por el contrario, si calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y el cómplice será quien salga libre. Pero si ambos confiesan el crimen, cada uno recibirá una condena menor, de sólo seis años. Si ninguno confiesa, ante la falta de pruebas, no pasarán más de seis meses en la cárcel acusados de un cargo menor.

El tiempo que pasarán en la cárcel depende básicamente de lo solidarios o egoístas que sean los dos delincuentes. Cada prisionero tiene dos opciones: cooperar con su cómplice permaneciendo en silencio y quedar ambos libres en seis meses, o traicionarlo confesando para quedar libre de inmediato mientras su “socio” pasa 10 años entre rejas. Lo que hace interesante el dilema es el hecho de que el resultado de cada elección depende de la elección del cómplice, y cada uno desconoce qué ha elegido hacer el otro, ya que están separados. Comencemos suponiendo que ambos son completamente egoístas y tienen como única meta reducir el tiempo que pasarán detenidos. Cada prisionero podría suponer que el otro ha elegido cooperar con el manteniendo la boca cerrada para salir en seis meses. Esto hace que la tentación de ser el primero en confesar sea enorme, ya que significaría su libertad inmediata y una condena de 10 años para su cómplice. Por supuesto, el otro detenido seguramente está razonando de la misma manera, buscando la forma de salir en libertad de inmediato. Si ambos son egoístas, la posibilidad de que ambos confiesen y pasen 6 años entre rejas es muy grande.

Si ambos callan reciben una pena total de un año. Seis meses cada uno.
Por el contrario, el interés por el bien común puede dar mucho mejor resultado. Dejando de lado que dos delincuentes difícilmente tengan alguna clase de interés en cosas como el altruismo, lo cierto es que la confianza en el comportamiento del otro puede ser la que obtenga el mejor resultado. Desde el punto de vista de la fría lógica, confesar es la estrategia dominante para ambos jugadores. Sea cual sea la elección del otro jugador, pueden reducir siempre su sentencia confesando. Pero por otra parte, esto conduce a un resultado regular en el caso de que ambos tomen esa decisión. Este es el nudo del dilema. El resultado de las interacciones individuales produce un resultado que no es óptimo, aunque existe una situación tal en que las perspectivas de uno de los detenidos puede mejorar sin que esto implique un empeoramiento para el otro. De hecho, si ambos callan reciben una pena total de un año (seis meses cada uno), mientras que en los demás casos recibirían 10 (si confiesa uno solo y sale libre) o 12 (seis años cada uno en caso de que ambos confesasen de inmediato). Puede parecer que el Dilema del prisionero no es más que un pasatiempo matemático. Sin embargo, existen muchos ejemplos de interacciones humanas (y naturales) que pueden ser analizadas de la misma manera. Esto hace que el dilema en cuestión sea de interés para la economía, las ciencias políticas, la sociología, las ciencias biológicas y casi cualquier campo del conocimiento que puedas imaginar. Por ejemplo, dentro del campo de las relaciones internacionales, el escenario del dilema del prisionero sirve para ilustrar la situación en que se encuentran dos estados involucrados en una carrera armamentística. Ambos países tienen dos opciones: o incrementar el gasto militar, o firmar un acuerdo para reducir su armamento. Como ninguno de los dos puede estar completamente seguro de que el otro acatará el acuerdo, ambos terminan decidiendo una expansión militar. La ironía está en que ambos estados parecen actuar racionalmente, pero el resultado es completamente irracional. La humanidad en conjunto se beneficiaría de un comportamiento altruista, pero el egoísmo suele ganar la partida, embarcándonos en delirios como la Destruccion Asegurada.

El resultado de las interacciones individuales produce un resultado que no es óptimo.
Tras haber planteado el dilema del prisionero podemos extraer algunas conclusiones. En el terreno de la ética, por ejemplo, una de las preguntas más antiguas es ¿por qué hacer el bien?. Esto ya preocupaba a Platón, y reaparece a lo largo de la historia bajo las más diversas formas. El dilema del prisionero nos ayuda a encontrar una respuesta sencilla y práctica: cuando todos buscamos el interés del grupo, obtenemos más beneficios que cuando se busca el mejor resultado individualmente. En pocas palabras, la mejor forma de conseguir lo mejor para cada uno es hacer lo que resulta mejor para todos. La moral, parece, es un buen negocio. ¿Interesante, no?

martes, 29 de septiembre de 2009

Teoría de Cuerdas vs. Agujeros Negros

neoteo.com/Ariel Plazzesi

Es posible que el ganador del Premio Nobel de física Gerard ‘t Hooft, a la hora de someter al análisis de sus colegas el resultados de sus cálculos, haya pensado muy bien qué palabras iba a utilizar. Es que su trabajo, basado en la Teoría de Cuerdas y la causalidad (todos los eventos están causados por otros anteriores), si bien aporta una explicación satisfactoria para muchos de los fenómenos observados y permite predecir otros que aún desconocemos, no tiene lugar para los agujeros negros o las singularidades espacio-temporales. Mientras que algunos miembros de la comunidad científica han recibido con alivio esta teoría que les evita la “incomodidad” de luchar matemáticamente con la explicación de las singularidades, otros han comenzado a juntar leña húmeda para quemarlo por hereje.
Uno de los grandes retos de la física moderna es unificar las diferentes teorías existentes. Tenemos excelentes modelos que explican los fenómenos a grandes escalas -aquellos que involucran objetos del mundo macroscópico (como un coche o el Sistema Solar), y otros que funcionan de maravillas en el mundo de lo muy pequeño, el reino de las partículas atómicas. Sin embargo, fuera de su campo de aplicación especifico, ninguno de los modelos funciona ni siquiera remotamente bien. Los físicos serían muy felices si alguien encontrase una teoría que combinase la relatividad y la mecánica cuántica en una única teoría. Hasta hoy, el camino que parece más prometedor para lograrlo es justamente el que serpentea sobre el barranco de la idea conocida como “Teoría de Cuerdas”

De acuerdo a la física newtoniana, la causa precede al efecto en el tiempo.

Hay que dejar de lado muchos de los conceptos que aprendimos en el colegio para intentar comprender la Teoría de Cuerdas. Dejando de lado todas las consideraciones matemáticas y yendo a lo básico, esta teoría considera a un electrón no como un “punto” sin estructura interna y de dimensión cero, sino como una minúscula cuerda que vibra en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones. Esto, que en principio puede parecerte agarrado de los pelos, en realidad explica casi todo el comportamiento de las partículas que conocemos, e incluso a la gravedad. Mientras que para la “física normal” un punto (o partícula) no puede hacer nada más que moverse en un espacio tridimensional, para la Teoría de Cuerdas las cosas son muy diferentes. A nivel “microscópico” se percibiría que el electrón no es en realidad un punto, sino una cuerda en forma de lazo. Una cuerda puede hacer algo además de moverse, puede oscilar de diferentes maneras. Si oscila de cierta manera, entonces, macroscópicamente veríamos un electrón; pero si oscila de otra manera, entonces veríamos un fotón, o un quark, o cualquier otra partícula del modelo estándar.

De acuerdo con los postulados comunes de la física newtoniana, la causa precede al efecto en el tiempo. En la teoría de la relatividad especial, en cambio, si bien el concepto de causalidad se mantiene, la causa precede a su efecto solo en el caso de los observadores inerciales. En la teoría cuántica de campos, la causalidad está estrechamente relacionada con el principio de localidad. El análisis de ese principio es delicado, y muchas veces ese análisis pasa por el uso del teorema de Bell. De pronto ya no está tan claro que la causa preceda al efecto, y esto -tan ajeno a nuestra experiencia cotidiana- pone bastante nerviosos a muchos físicos, a pesar de que los modelos existentes lo expliquen bastante bien. Sin embargo, Gerard ‘t Hooft ha trabajado duro para crear un modelo que respeta a rajatabla el principio de causalidad, aunque el precio que ha pagado es la “desaparición” de las singularidades espacio temporales, agujeros negros incluidos.

Existen pruebas prácticamente irrefutables de que los agujeros negros existen.
En efecto, este premio nobel ha construido un modelo de la realidad diferente, pero con algunos efectos colaterales interesantes. El cambio fundamental en su idea es aceptar un nuevo tipo de simetría en el universo. En física, una “simetría” es una propiedad de un sistema que lo deja sin cambios bajo una determinada transformación. Por ejemplo, nuestras leyes físicas se mantienen constantes bajo cualquier cambio en la posición o dirección en el espacio. Es una idea enormemente poderosa. Para conservar el principio de causalidad dentro de una Teoría de la Gravedad Cuántica tenemos que aceptar la idea de una simetría de escala. En otras palabras, las leyes de la física son las mismas independientemente de la escala. Esto, que unificaría la física de lo pequeño con la física de lo macroscópico también implica una idea conocida como “complementariedad de agujeros negros”, en la cual un observador dentro de un agujero negro ve el universo de una forma distinta a un observador fuera del agujero.
Las consecuencias de esta idea son profundas, y el físico las explica así: “Si añadimos todo esto a nuestro conjunto de transformaciones de simetrías, los agujeros negros, las singularidades espacio temporales, y horizontes de sucesos desaparecen. A cambio, mantenemos intacta la idea de causalidad.” Matemáticamente, el trabajo de este científico es impecable, y eso explica la algarabía de una parte de sus colegas. Por otro lado, varias de décadas de observaciones del universo en que vivimos aportan pruebas prácticamente irrefutables de que los agujeros negros existen, por lo que muchos otros científicos se preguntan si el nuevo universo de ‘t Hooft guarda alguna relación con el que vivimos nosotros.
Los aceleradores de partículas podrían determinar si Gerard ‘t Hooft tiene razón.
Actualmente, la existencia de los agujeros negros está bien aceptada. Los astrónomos pueden ver sus efectos gravitatorios. Y aunque nadie ha observado directamente un agujero negro o la radiación de Hawking que los físicos suponen que emiten, pocos dudan de que se acumularán las pruebas a favor. Sin embargo, el problema más serio que genera la nueva teoría es la idea de “invariancia de escala”. Si ‘t Hooft está en lo cierto y fueses súbitamente encogido (o agrandado) en un factor desconocido dentro de una caja cerrada, te sería imposible diseñar un experimento que te permita determinar la magnitud de tu cambio de escala. Con las leyes actuales, que entiende las diferencias existentes entre los efectos cuánticos y los Newtonianos, podrías averiguar tu nuevo tamaño. El propio ‘t Hooft reconoce esta limitación, admitiendo que “la constante G de Newton no es invariante en escala en absoluto”.
Es demasiado pronto para saber si la teoría propuesta por Gerard ‘t Hooft puede reemplazar a nuestro querido (y odiado) conjunto de reglas actuales. Sin embargo, es muy posible que algunos de los elementos que propone ayuden a desvelar algunos de los misterios que aun subsisten en el seno de la física. Lo más probable es que -dentro de algunos años- los experimentos efectuados en los aceleradores de partículas o alguna observación efectuada con los nuevos telescopios espaciales confirmen o desmientan las afirmaciones de este premio Nobel. Mientras tanto, seguimos esperando.

Chimaera: Un tiburón con un sexo de cabecera


ojocientifico.com/Carlos Dan

¿Te imaginas con un pene de naríz? O peor aún, ¿cómo te ves con dos vaginas de cada lado de la cabeza en lugar de las orejas? Bueno, no deberías esbozar ese gesto de desaprobación o de asco. Después de todo, hay especies en las que ocurre algo parecido, como es el caso del Chimarea.

Este animal fue descubierto hace algunos dias, aunque en realidad debería decir bautizado, pues la especie es conocida desde los sesenta, aunque no se la había identificado dentro de ninguna familia. Sin embargo, investigadores de la California Academy of Sciences han dado nombre al animal: Hydrolagus melanophasma, y lo describen en la revista Zootaxa.

“Es una gran, extraña y bizarra cosa”, dice el co-autor del estudio, Doug Long. “Tiene este garrote con espinas en lo más alto de su cabeza. Se cree que lo utiliza para rituales de apareamiento”.


El animal es una especie de Chimarea, un grupo diverso y abundante en su época, y aunque ahora tienen todavía un pariente cercano -los tiburones-, su linaje evolutivo se separó de ellos hace 400 millones de años, perdiendo frecuencia en el registro.
Raro, y sobre todo, muy bizarro.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Artesanias Ecologicas - Tezonapa, Veracruz


Las muestras de destreza artesanal no tienen fronteras, aquí se muestra el video de Don Joel Pazos Ruiz, originario de “El Palmar”, comunidad perteneciente al vecino municipio de Tezonapa Veracruz. El convierte las llantas usadas en una gran variedad de maceteros muy coloridos... Enhorabuena....

Inteligencia de hombres disminuye ante mujeres bellas

El Universal
Ciudad de México.- Un nuevo estudio ha revelado con datos científicos que es verdad que los hombres "pierden la cabeza" cuando se encuentran frente a una mujer atractiva.

La investigación, publicada en el Journal of Experimental and Social Psychology, arrojó que el desempeño en pruebas mentales de aquellos hombres que pasan aunque sea unos minutos en la compañía de mujeres bellas es peor que la de los que hablaron con féminas a las que no encontraron atractivas.

Según los especialistas la razón de esto puede ser que los varones usan un gran porcentaje de las funciones cerebrales para impresionar a una mujer bella, de forma que les quedan muy pocas para realizar otras tareas.

Estos resultados pueden tener implicaciones directas en el desempeño de hombres que flirtean con mujeres en los centros de trabajo, e incluso en aquellos que están a punto de someterse a algún tipo de examen, según publica el diario británico Telegraph.

Sin embargo, en el caso de las mujeres, ellas no ven disminuidas sus funciones cuando hablan con un hombre al que encuentran atractivo. Esto, explican los especialistas, se debe a que los varones están programados evolutivamente para pensar en mayor medida en las oportunidades para conseguir pareja.

Curiosamente, lo que llevó a la realización del estudio fue la experiencia de uno de los psicólogos de la Universidad de Radboud, en Holanda, quien cuando conversaba con una mujer sumamente bella ni siquiera pudo recordar la dirección de su hogar cuando ella se lo preguntó.

Las pruebas

Para comprobar si más hombres podían ser afectados de la misma forma se reclutaron a 40 estudiantes heterosexuales.

Cada uno de ellos realizó un examen de memoria en el que tenían que observar una línea de letras y decir, tan rápido como pudieran, si cada una era la misma que la anterior a la última que habían visto.

Después, los voluntarios pasaron siete minutos hablando con hombres o mujeres miembros del equipo de investigadores antes de repetir la misma prueba.

Los resultados revelaron que los jóvenes eran más lentos y menos exactos después de intentar impresionar a las mujeres. Entre más se esforzaron, peores fueron sus resultados.

El mismo test fue repetido con un grupo de mujeres voluntarias, sin embargo, no se obtuvieron los mismos resultados que con los varones. Sus resultados fueron los mismos en las pruebas sin importar si habían hablado con hombres o mujeres.

"Las funciones cognitivas de los hombres pueden disminuir temporalmente después de la interacción con una mujer atractiva", concluyeron los investigadores tras el análisis.

Para el doctor George Fieldman, miembro de la Sociedad Británica de Psicología, los resultados del estudio reflejan que los hombres están programados para pensar en la transferencia de sus genes, es decir, se enfoca más en las oportunidades que se presentan para la reproducción.
vsg

miércoles, 12 de agosto de 2009


John Kanzius, un científico de Erie Pennsylvania (EE.UU.), descubrió antes de morir la forma para quemar agua salada. El secreto consiste en someterla a un bombardeo con ondas de radio de la frecuencia y energía adecuadas. Kanzius hizo su descubrimiento de forma accidental mientras buscaba una cura para el cáncer, mediante un generador de ondas de radio implantado en los pacientes.

Kanzius conocía muy bien esta clase de radiación, ya que además de su trabajo como ingeniero poseía una estación de radio. Todo comenzó cuando, en uno de sus experimentos, vio que el agua salada “lanzaba llamas al estar sometida a ciertas frecuencias”. Experimentos posteriores demostraron que las llamas pueden alcanzar temperaturas de hasta 3.000º centígrados, lo que las hace adecuadas para construir turbinas eléctricas especiales, que podría terminar definitivamente con la dependencia que tenemos con los -contaminantes y escasos- combustibles fósiles.



Antes de morir el pasado mes de Febrero por una neumonía, el ingeniero retirado trabajaba junto a un equipo de colegas buscando la forma de optimizar su invento. Kanzius aseguró que esta tecnología podría reemplazar la propulsión de todos los automóviles y que vendería su descubrimiento a las empresas de energía, destinando el dinero obtenido a la investigación de la cura del cáncer.

Es posible que John Kanzius efectivamente haya encontrado la forma de hacer arder el agua de mar. Quizás sea el hidrógeno, o tal vez el sodio. Sin embargo, hay una diferencia importante entre “el agua de mar puede quemarse” y “podemos usar agua de mar como combustible”. No tenemos los datos para corroborarlo, pero es seguro que la energía aplicada por la máquina que genera la radiofrecuencia sea mucho mayor a la que puede obtenerse de la llama que sale de la probeta. De hecho, si no fuese así se estarían violando una gran cantidad de principios físicos y tendríamos, ni más ni menos, una máquina de movimiento perpetuo. Así y todo, no deja de ser un experimento interesante.

Fuente:http://www.neoteo.com/