miércoles, 18 de febrero de 2009

Una nanolinterna que desafía las leyes de la física


A la hora de diagnosticar enfermedades, la nanotecnología parece estar dando pasos agigantados que la convierten en la solución más prometedora para tiempos venideros. Las investigaciones en este tipo de tecnología alcanzan puntos impensados, y de hecho algunas llegan al punto de romper con las leyes de la física.

De esto se trata el desarrollo de un nuevo dispositivo nanotecnológico desarrollado por dos investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas de Barcelona (ICFO), Romani Quidant y Niek van Hulst, quienes han desarrollado una nanolinterna capaz de iluminar concentrando la luz más de mil veces de lo que lo hacen las técnicas actuales. Con esta linterna se puede trabajar con objetos 100 veces más pequeños del tamaño de los que se trabajan hoy, pues la linterna alumbra la millonésima parte de un metro.

El funcionamiento de la misma consiste en una pequeña antena formada por dos minúsculas barras de oro encargadas de absorber la luz de un láser, concentrándola hasta llegar a ser un microscópico foco lumínico. Esto se ha llevado al punto de romper con la Ley de Difracción, la cual indica que se puede concentrar la luz hasta un punto con tamaño mínimo, pero gracias a estas nanoantenas este tamaño prefijado se ha superado.

Las aplicaciones de este descubrimiento son incontables, pero de todas ellas la medicina es la que lo mira con ojos más interesados. Las bacterias Escherichia coli, por ejemplo, han sido estudiadas con esta linterna y se ha comprobado que no les causa daño alguno. Tal como explica Quidant, “la célula se siente atraída por la luz del foco del láser. Ahora se pueden atrapar, observar y analizar sin afectarlas como si fueran un paciente en una camilla pero de 200 nanómetros de tamaño”.

El cáncer, además, también podría ser diagnosticado en sus fases más tempranas con esta nueva tecnología. Con la oportunidad de estudiar las bacterias a fondo se vuelve factible un diagnóstico prematuro de la enfermedad, algo que desde luego no se constriñe únicamente al cáncer.

Fuente:http://www.ojocientifico.com

El universo estaría lleno de “planetas Tierra”


Toda verificación empírica parte de esperanza y obstinación por parte del científico que maneja una hipótesis X. Este dogma es una sencilla observación, pero a la vez uno de los principales motores del avance del conocimiento científico, y en astronomía no se da la excepción.

El Dr. Alan Boss es un astrofísico y uno de los más destacados miembros de la Carnegie Institution of Science, quien ha tirado sobre la mesa en el día de ayer una hipótesis muy seductora para los aficionados a la astronomía: que el universo estaría poblado de 100.000 millones de planetas como el nuestro, con vida desarrollada en ellos.

En el congreso anual de la American Association for the Advancement of Science en Chicago, Boss dejó claro que una estrella como el Sol (de las cuales habrían millones dispersas a lo largo del universo) albergaría seguramente al menos un planeta con vida, seguramente en forma de bacterias, tal como ocurrió con la Tierra hace tres o cuatro billones de años.

De hecho, Boss manifestó su interés en que la próxima misión a ser lanzada por la NASA, la misión Kepler de la cual él mismo forma parte, comience a identificar estos planetas en los próximos años.

Claro que cualquiera podría decir esto sin mayor trascendencia. Sin embargo, viniendo de uno de los astrofísicos de mayor renombre del mundo entero, la aseveración abre muchas puertas, por algo la noticia ha aparecido en los más destacados medios de prensa digital de todo el mundo, tales como el Telegraph, la BBC o el Times.

Fuente:http://www.ojocientifico.com

lunes, 2 de febrero de 2009

Una vaca con nombre produce más leche que una vaca fulana


Aunque muchos se resistan a creerlo, la interacción personal con animales (y no sólo con ellos, pues con las plantas ocurre lo mismo) es fundamental para una buena domesticación. Cosas simples como acariciarlos, hablarles o hasta ponerles nombre resulta crucial para que el animal se sienta cómodo a nuestro lado. En el caso de las vacas lo de ponerles nombre incluso puede ayudar muchísimo en la producción de leche.

A esta conclusión han llegado los doctores Catherine Douglas y Peter Rowlinson de la Universidad de Newcastle, quienes han evaluado la interacción de granjeros británicos con sus vacas, interesados justamente en los efectos que esta producía en la producción de leche por parte de dichos animales.

Según los investigadores las vacas que tienen un nombre asignado y reciben un tratamiento más cálido por parte de los granjeros producen más leche que las vacas que son tratadas con indiferencia y sin distinción. Esto es un hecho instalado en el saber popular de los hombres de campo, pero que nunca antes había contado con el apoyo de las estadísticas.

Los datos que aporta este interesante estudio sostienen que una vaca con nombre produce 454 pintas más de leche que una vaca fulana. Hablando en litros una vaca con nombre asignado produce 258 litros más que los 7500 producidos por una vaca tipo en el correr de un año.

Para un hombre de granja nombrar a sus vacas es cuestión de memoria, no de inversión financiera. Seguramente dedicando tiempo a distinguir los animales y tratarlos de forma cálida la producción de leche aumente sin haber soltado un euro en inversión.

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Científicos clonan por primera vez un animal extinto


Unos meses atrás se realizó uno de los mayores logros conseguidos jamás en toda la ciencia: la codificación del genoma de un animal extinto. Hablo del mamut, una especie de la cual se consiguió elaborar su genoma a base de un paciente y prolongado esfuerzo, cuya consecución generó las más arduas polémicas en torno a la clonación. Hoy, tan sólo a meses de aquel gran logro, científicos españoles han conseguido la primera clonación de un animal extinto.

Hablamos del bucardo (Capra pyrenaica pyrenaica), una especie que fue declarada en peligro de extinción en el año 1973, y que en el año 2000 se extinguió por completo al encontrarse muerto junto a un río su último ejemplar. Sin embargo, los esfuerzos de genetistas aragoneses del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) han conseguido la primera clonación de esta especie y a la vez del primer animal extinto clonado de toda la historia.

José Folch del CITA junto a sus colaboradores preservaron ADN de la piel de un bucardo extinto en nitrógeno líquido, al cual inyectaron en huevos de cabra eliminando el ADN del feto original. Con un seguimiento constante del clon, los científicos lograron la clonación del animal, en lo que ha sido el logro científico más importante en lo que va del año.

No obstante y desgraciadamente, la criatura falleció al poco tiempo de su nacimiento debido a problemas pulmonares similares a los que padecieron clones anteriores de ovejas. Sin embargo, con un pulimiento y perfeccionamiento de la técnica los científicos planean una revancha.

La polémica está sobre la mesa, y no quiero ni imaginarme lo que será al momento de la discusión (que ya está en marcha). A pesar de todo y del trillado argumento de que “no se puede jugar a ser dios”, con logros como este la ciencia podría clonar animales en peligro de extinción o ya extintos, para así conseguir la supervivencia de la especie en condiciones adversas.

Fuente:http://www.ojocientifico.com/

Revelan secreto contra el cáncer


Científicos aseguran haber descubierto el vínculo hasta ahora desconocido, que permite saber la forma en que las células se protegen a sí mismas contra el cáncer.

Los expertos señalan que hallaron cómo las células activan o desactivan un gen denominado p53 que puede impedir el desarrollo de tumores.

Según los científicos, el hallazgo tiene implicaciones importantes para el diagnóstico y tratamiento del cáncer.

El estudio, que apareció en la publicación científica Genes And Development, fue llevado a cabo por varios grupos de científicos en Singapur y en la Universidad de Dundee, en el Reino Unido.

El gen p53, que fue descubierto por primera vez hace 30 años, juega un rol vital en el mantenimiento saludable del organismo al ordenar a las células dañadas que se autodestruyan o al impedirles que se dividan mientras son reparadas.

En la mitad de los casos de cáncer el gen está dañado o inactivo, lo que le da a las células dañadas libertad para continuar dividiéndose y formar cáncer.

En el último estudio, los científicos utilizaron un truco genético para provocar que peces cebra se pusiera verde cuando el gen p53 estuviera activado y de esta forma poder explorar la forma en que el gen era regulado.

Dosis de radiación

Encontraron que el gen no sólo fabrica la proteína p53 sino también una variación alternativa que funciona como interruptor de control de la proteína p53, conocida como isoforma.

Normalmente el pez cebra, que tiene el mismo gen p53 que los humanos, puede sobrevivir ante bajas dosis de radiación, la cual provoca daños al ADN debido a que el gen interviene para reparar el daño causado.

Sin embargo, tal reparación no ocurrió en los peces cebra que carecían de isoforma y murieron tras ser expuestos a la radiación.

Los investigadores indicaron que con ello se demostraba que la isoforma jugaba un papel crucial al permitirle al gen p53 realizar sus funciones de reparación.

El jefe de la investigación, el profesor David Lane, señaló: "la función del p53 es crítica para la manera en que muchos tratamientos contra el cáncer destruyen las células debido a que la radioterapia y la quimioterapia actúan en parte desencadenando la autodestrucción de la célula en respuesta al daño producido al ADN".

"Es muy importante comprender más acerca de cómo este gen es controlado en las células con el fin de prevenir que las células se vuelvan cancerígenas", añadió.

Por su parte, Lesley Walker de la organización Cancer Research UK, afirmó que: "el descubrimiento de cómo el gen p53 es regulado tendrá importantes implicaciones en el desarrollo de mejores drogas y formas de diagnóstico del cáncer"

Fuente: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7863000/7863548.stm

lunes, 19 de enero de 2009

Marte: el misterio del metano


Grandes cantidades de gas metano han sido detectadas en Marte según anunciaron científicos de la Nasa.

El gas podría estar siendo producido por actividad geológica o por algún tipo de vida.

El metano fue conseguido en la atmósfera marciana hace cinco años y los científicos descubrieron que es más abundante en zonas muy particulares del planeta rojo.

Dura poco en la atmósfera antes de ser destruido por la luz solar y su continua existencia significa que su emanación es constante.

Esto sugiere que el metano está siendo producido por un proceso que está en desarrollo.

Sin embargo el origen específico del metano podría ser tanto reciente como muy antiguo, según afirman los investigadores.

"El hecho de que hayamos encontrado tres regiones específicas donde Marte está liberando metano en este momento significa que tenemos una ventana a un proceso que está ocurriendo bajo la superficie del planeta", dijo Michael Mumma, un científico planetario del Centro de Viajes Espaciales Goddard la Nasa, con sede en Maryland, Estados Unidos.

"La producción (de metano) es consecuencia de una o dos posibilidades. la primera es geoquímica, la segunda es biológica. Esto genera mucho interés en torno a cuál es el mecanismo de producción dominante".

Si el metano es producido por actividad geológica, podría ser originada tanto de actividad volcánica como de un proceso denominado serpentinización.

Éste último ocurre a bajas temperaturas y se produce cuando rocas ricas en minerales como el crisólito y el piroxeno reaccionan químicamente al agua, liberando metano.

"Esto podría estar ocurriendo en Marte. En ese caso, podríamos esperar que el metano sea liberado solo en regiones que son distritos volcánicos", aseguró Mumma.

"Por otro lado, podría ser biológico muy cerca de la superficie o bien profundo en la capa congelada".

Algunos científicos consideran que es posible que microbios podrían haber sobrevivido debajo de la capa congelada de Marte donde el agua cambia del estado sólido al líquido.

En cañones profundos o en las paredes de los cráteres el hielo podría tener fisuras o poros conectando esta subcapa congelada con la atmósfera.

Pero el hielo podría desaparecer durante la primavera o el verano, especula el doctor Mumma.

FUENTE:http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7832000/7832433.stm

10 Especies que podrían resucitar desde el pasado


Neandertal. Especie del género Homo que habitó Europa y partes de Asia occidental desde hace 230.000 hasta 28.000 años atrás, durante el Pleistoceno medio y superior y culturalmente integrada en el Paleolítico medio. Sus características definidoras, a partir de los huesos fósiles descubiertos hasta ahora son: esqueleto robusto, extremidades cortas, tórax en barril, arcos supraorbitarios resaltados, frente baja e inclinada, faz prominente, mandíbulas sin mentón y gran capacidad craneal. Sus cerebros eran iguales o más grandes que los del hombre moderno. Un neandertal promedio tendría una altura de 1,65 m, de contextura pesada, y musculatura robusta. La secuenciación completa de su genoma es una de las noticias más esperadas para este año. Svante Pääbo, uno de los responsables del proyecto internacional, considera «ridícula» la idea de poder resucitar a los neandertales, en cuyo hipotético caso sería una mujer actual la candidata idónea para ser la madre sustituta. De hecho, no se descarta que alguna vez ambas especies se cruzaran, aunque sus descendientes no han dejado huella genética en nuestro ADN.


Tigre de diente de sable. El Smilodon Fatalis fue el felino más grande de todos los tiempos. Con sus poderosos colmillos cortaba las arterias y la tráquea de la víctima desangrándola con rapidez. Este fabuloso animal poseía unas potentísimas patas delanteras que usaba para tumbar a la presa e inmovilizarla. Su tamaño coincide con el de un león pero su aspecto era mucho más imponente. Desapareció hace 11.000 años, al final del Pleistoceno; se cree que debido al cambio climático, aunque la puntilla se la habrían dado los humanos. Los ejemplares mejor conservados se han encontrado en La Brea, en Los Angeles, en unos agujeros de alquitrán de los que no ha sido fácil extraer el ADN. De momento hay muy poco recuperado, pero algunos expertos confían en obtener su genoma. En ese caso, una leona podría ser la donante del óvulo y su madre sustituta.


Oso de cara corta. Los Arctodus Simus fueron los mayores carnívoros terrestres durante la edad de hielo. Más grande que el oso polar, el oso pardo de Kodiak y el oso de las cavernas europeo, de hecho, salvo los aparente y ocasionalmente carroñeros perezosos terrestres gigantes con los cuales éste oso compartió el espacio en América, pudo ser el mayor carnívoro terrestre que la humanidad encontró en su camino, podían llegar a los 800 Kg. de peso y a medir un poco más de 1.6 m de altura al hombro pudiéndose elevar hasta 3 metros si se erguían sobre las patas traseras. También desaparecieron hace 11.000 años, en la última gran extinción. Ya se ha recuperado parte de su ADN y se sabe que hay ejemplares congelados en Siberia, por lo que se confía en conseguir más material. Sus parientes más cercanos son osos de América del Sur aunque son mucho más pequeños.


Tigre de Tasmania. El último Thylacinus Cynocephalus, un lobo marsupial, murió en un zoo en 1936. Afortunadamente se guardaron sus tejidos, lo que ha permitido recuperar su ADN. En 2008, científicos de Australia y EEUU insertaron parte de este material genético en un ratón, dentro de un experimento para ver si se activaba algún gen, como así ocurrió. Con esta especie, una hembra del diablo de Tasmania bien podría ejercer de madre de una cría. Ayer se supo, con el estudio de ADN de pelos de varios ejemplares, que su diversidad genética era muy escasa, lo que pudo precipitar su extinción.

Gliptodonte. Se parece enormemente al armadillo pero mucho más grande. El gliptodonte medía cerca de 3 m y pesaba cerca de 1,4 toneladas, siendo equivalente en forma y tamaño a un Volkswagen Escarabajo. Era un herbívoro y, por su constitución, se supone que no fue muy ágil. Su defensa contra los depredadores se basaba en su caparazón rígida. Como el oso y el tigre, el gliptodonte dejó de pasear su inmenso caparazón por América del Sur hace 11.000 años. De momento no se han encontrado ejemplares congelados ni en cuevas, por lo que no se tiene el suficiente ADN de la especie. Pero los expertos no pierden la esperanza. Aún así, resucitarla no sería fácil porque la especie más parecida genéticamente es el armadillo gigante, más pequeño.


Rinoceronte lanudo. Fue una especie rinoceronte de espeso pelo lanudo que durante el Pleistoceno habitó las frías estepas de Eurasia y dejó de existir hace unos 8.000 años. Como vivió en Siberia, hay muchos rinocerontes lanudos (Coelodonta Antiquitatis) congelados de los que se puede extraer ADN.


Dodo. Fue un ave no voladora cuya distribución estaba restringida a las Islas Mauricio, en el océano Índico. Desapareció a finales del siglo XVII debido a la caza y el saqueo de sus nidos por parte de los navegantes. Es un ejemplo ampliamente utilizado en la literatura biológica sobre la pérdida de especies causada sin ningún género de dudas por el hombre. Hace seis años, genetistas de Oxford secuenciaron fragmentos de ADN mitocondrial del ejemplar disecado y conservado en un museo. Beth Shapiro, autor de este trabajo, sigue buscando más material genético del dodo, que quizás podría resucitar con ayuda de las palomas.


Perezoso gigante. Hace 8.000 años aproximadamente que dejó de existir este mamífero de 4 toneladas de peso, conocido como Megaterio y que habitó en América hasta el final de la última glaciación. En los últimos años, los científicos han logrado recuperar bastante ADN de los pelos y de estiércol fosilizado desde hace 30.000 años. Hendrik Poinar, de Canadá, está convencido de que se conseguirá su genoma. El problema es que su pariente más cercano, el perezoso arborícola, es un enano a su lado.

Moa. Los dinornítidos o moas eran aves no voladoras que vivían en Nueva Zelanda. Entre el año 900 y el 1400 se extinguieron por la caza intensiva de los maoríes. Es otro caso bien documentado de extinciones por causa humana. El gigantesco pájaro no sobrevivió a la llegada de los primeros pobladores humanos. La buena noticia es que se ha encontrado mucho ADN de huesos y huevos bien conservados en cuevas, lo que permitirá revelar su genoma. Claro que las moas pesaban 250 kilos y medían hasta tres metros. La única especie similar son los avestruces.

Alce irlandés. Este ciervo gigante vivió hasta hace 7.700 años en Eurasia. Desde el final de las glaciaciones su número disminuyó y dejaron de verse sus cuernos de cuatro metros. Lograr ADN suficiente para reconstruir su genoma no sería difícil, pero sí resucitarlo porque su pariente cercano, el ciervo, es muy pequeño.

FUENTE:http://www.neoteo.com